lunes, 24 de junio de 2013

Alguien

Se incrusta en el medio del vidrio una señal de alerta, proveniente de valla a saber donde. Alguien que, ya hace rato, rascaba y rascaba las paredes la advierte. Las sirenas suenan y se oyen a lo lejos (pero cada vez más cerca), destrozando a su paso cualquier rastro de orden y prolijidad. De repente un silencio, una pausa, un segundo de completa calma. Nadie se mueve, nadie grita ni pestañea. Todo se vuelve tranquilidad, falsa. El vidrio comienza a vibrar despacio pero cada vez más fuerte, Alguien comienza sentirlo en sus venas. Las sirenas estallan en un atormentador sonido más cerca que nunca. Van a llegar, están al caer. Van a chocar y pisar a Alguien, lo van a destrozar. Doblaron la esquina, de eso se trataban las sirenas, ahí están !!...

Huele a fresas. En el aire el aroma más puro domina el ambiente. Se trata de una convención de sentimientos en la que se debate como continuar frente a la situación actual. El orgullo (vestido de etiqueta para la ocasión) no pronuncia demasiadas palabras, siendo bien explícito en su postura: "hay que valorarse más a uno mismo viejo, no estamos para pendejadas !", acusa. En la vereda de enfrente se sitúa el perdón, cansado de cargar en su mochila con el dolor propone la vieja técnica del borrón y cuenta nueva. La razón (actuando eventualmente de juez) trata de poner paños fríos a la situación, y da sobradas muestras de ser la única capaz de poder tomar una decisión correcta. Pero de repente pide la palabra un personaje que estaba siendo ignorado hasta el momento por la convención: el amor. Dueño de un aura indescriptible, capta la atención inmediata de la sala. Pregunta a los demás si recordaban porque estaban reunidos ahí, que los había llevado esta vez y las veces anteriores a debatir sobre lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer, poniendo como juez y parte a la razón. La convención completa queda en silencio, hace una pausa, un segundo de completa calma. El amor dulcemente queda también en silencio, esperando por la respuesta que nunca llegará. Cansado de esperar (como siempre) decide tomar la posta él y recordarles a todos que sí había un motivo por el que estaban reunidos, y ese motivo era Alguien. Alguien estaba esperando para saber que hacer, y el debate interno carcomía su interior día tras día. El amor fue el único capaz de reunir a todos los sentimientos juntos, fue el único capaz de lidiar tanto con el orgullo como con la felicidad. Se encargó de sanar heridas más que profundas e iluminó el alma de Alguien como nadie. Pueden seguir las horas de intenso debate, pero nunca llegarán a nada. El amor tiene la última palabra, y dulcemente espera a que Alguien se decida a escucharlo...


El amor es como un vidrio: transparente. Y cada vez que me dejas suena como a sirenas hambrientas de sangre. Alguien rasca y rasca las paredes en busca de respuestas, Alguien no escucha al amor, Alguien se desangra por dentro. Las sirenas llegaron otra vez, ya se esfumó el segundo de completa calma.


(Pequeña reflexión abstracta nacida, gestada, elaborada y decorada en mi interior.)

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