miércoles, 7 de mayo de 2014

Acá estoy

Oíme, ¿me podes oír?, te amo. Acá estoy yo sentado, y vos allá sentada. Acá estoy yo imaginando, y vos allá descalza. Desnudando temores, respirando deseos, deshojando pasiones.Y yo tan temeroso, tan deseoso, tan pasional. Acá estoy yo escribiendo para desarmar tensiones, para rearmar corazones. Para contarle a la madrugada que soy presa del perfume de tus labios. Y que soy frío cuando tu luz no encandece mi rostro. Que a veces respiro agitado pensando en un vago futuro, que el cielo es eso que viene después de tu sonrisa. Que sin tregua no existe la guerra, que te necesito. Que quizás no pueda manejar mi vida, pero cuido de la tuya. Que mi deseo es tu bien, tu consagración. Por eso acá estoy yo, gritando desde donde sea, conteniéndote como pueda, levantándote como sepa. Amándote siempre, descubriéndote. Sabiendo que en todo momento me acompaña tu recuerdo, con tu mirada alojada en mi retina. Y tus caricias en el alma bien guardadas. Evadiendo el tiempo instigador y el destino canalla. Sabiendo que nos amamos sin importar nada. Mientras la hoja cae del árbol, mientras el frío azota las calles, mientras la parca patrullas las ciudades. Nos amamos. Y ese, querida, es mi gran orgullo.
¿Me podrás oír?, acá estoy yo y te amo. Sin importar las normas, o los embates, o los descuidos, o los siniestros, o los sentidos. Te amo en tiempo y forma, sin baches ni destinos.


(Manifiesto a mi querida flor de Iris, Abi).