No hay lugar donde ir, no hay lugar donde esconderse. Ojalá pudiera encontrar un lugar tan fantástico como absoluto, tan eterno como intangible para poder sacudir de mi cuerpo toda esta desesperada gana de verte. Es el deseo lo que nos impulsa y la abstinencia lo que nos comanda. Pero la sed de ser, esa sed de sentir el paso tuyo sincronizado con el mío, de escaparse del suelo para flotar como alma solitaria despojada del descanso eterno. Sed de ser. De ser algo más que el amor, ser el instinto intrépido y avasallante que en la penumbra resplandece, y el lago contento de su suerte, brilla sin dudar. Esa sed es la distopía de esta vida.
Miro a lo lejos y tus ojos como descuidados de su encanto me ven, me seducen. Esa mirada canábica de rasgos finos y cargados de pasión, esa mirada que no penetra, induce. Esta ahí, esperando vaya uno a saber que cosa. Porque ni yo atiendo mis esfuerzos aún reprimidos de resurgir este aletargado vuelo, ni vos esperas una señal de vida, de latencia o de persistencia de este resignado cantautor de sus miserias. Sin embargo llega a mi desde lejos, muy lejos una mirada soslayante. No me animo a expresarlo en medidas de distancia, sabemos que eso de las distancias a la luz del real amor es relativo. Esa mirada inductiva y persuasiva de mi coherencia busca redimir todos los males de este mundo. Mundo en el que llueve de costado, el pájaro suele cantar de noche y dormir de día y el sol, viejo amigo, se esconde en los momentos en que me lleno de pasado y te evoco, te dibujo el rostro en rostros ajenos, te veo de espaldas en cualquier cuerpo y, sobre todo, te siento brillar. En medio de la calle cruzando Caseros con dirección a Brasil o subiendo al colectivo en plaza Miserere.
Yo creo que al fin y al cabo tu partida fue una forma demencial de aprender a vivir. Y si aún hoy, en algún estante de tu repisa, en algún ático sucio y húmedo, en algún balcón oxidado y polvoriento, como al pasar te encontrás con mi imagen visitante, que a su paso deja una cierta brisa, descuida. Puede ser que todavía siga despuntando el vicio de soñarte como siempre te soñé y como nunca quise soñarte. Mía.
lunes, 24 de octubre de 2016
Visitante demencial
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